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EXPERIENCIAS DE MADRES

Susana, madre de gemelos.

Siempre había tenido muy claro que quería dar el pecho a mis hijos, aun cuando no tenía ni planes de quedarme embarazada.
Mi madre me dio el pecho hasta el año e igualmente a mi hermano, mi padre mamó hasta que tenía 3 años y en fin, nunca me había planteado la idea de no amamantar a mis futuros hijos.

Pero las dudas empezaron cuando nos enteramos que íbamos a ser padres de 2 bebés mellizos, entonces la cosa parecía un poco más complicada. Comencé a buscar información al respecto y vi que sí era posible amamantar a 2 niños, que si muchas madres lo hacían yo desde luego no iba a ser menos.

A partir de ahí, y durante todo mi embarazo, empecé a recopilar información con relación a la lactancia materna en múltiples, posturas para dar de mamar, consejos de otras madres de múltiples, accesorios para ayudarme, etc etc etc.

Mis principales apoyos fueron el libro de Carlos González "Un regalo para toda la vida" (lo recomiendo a todas las futuras mamás, tanto si piensan dar el pecho como si no, su lectura puede hacerles cambiar de idea, es un fantástico libro de consulta para tener en la mesilla de noche y muestra el lado más sensible de la maternidad) y el apoyo que recibí en el Centro de Salud de Humanes, en los cursos de preparación al parto y en el taller de lactancia materna dirigido por Margarita Tomico (Pedíatra del centro), al que asistí desde que estaba embarazada y me fue de muchísima utilidad los consejos que allí se daban,.

Durante mi embarazo a las personas que contaba que tenia pensado dar de mamar a los 2 me decían "que hombre que iba a ser muy difícil, que necesitarían suplemento de biberón porque no tendría leche para los 2, que no podría dar muchos meses...", pero nada de esto ocurrió, más bien todo lo contrario.

La verdadera aventura empezó el 21 de febrero de 2008, día en el que nacieron nuestros 2 príncipes, Izan y Saúl. Nacieron mediante cesárea programa en la semana 37+3 a las 8:27 y 8:30 h. de la tarde.

Nacieron en un hospital privado, en la zona norte de Madrid del que prefiero no mencionar el nombre. Y allí no me facilitaron mucho el tema de la lactancia, tuve que luchar y ponerme muy pesada para poder alimentar a mis hijos de la manera más natural, como yo deseaba.

Por protocolo del centro tuvieron que llevarlos a los 2 a la incubadora a pasar la noche, para regular la temperatura, según nos informó la Pediatra que les atendió. Sus pesos fueron de 2600 Kg. Saúl que nació el 2º y de 2160 kg Izan que nació el primero. Por lo que perdí, muy a mi pesar, las primeras horas de vida de mis hijos, para darles el pecho nada más nacer y poder tenerles piel con piel. Pregunté que si no era posible, aunque fuese en el mismo paritorio pero se echaron las manos a la cabeza, porque por la seguridad de los bebés se los tenían que llevar corriendo, y así fue, los vi 2 min. Siempre me quedará esa espinita …

Izan se tuvo que quedar en la incubadora más días, 1º debido a su bajo peso y 2º debido a una infección detectada que obligó a ponerle antibiótico durante 7 días.

Saúl a las 8 de la mañana del día siguiente estaba en brazos de su papá.
Inmediatamente lo cogí y le puse al pecho porque apretando yo veía que salía calostro, se agarró perfectamente a pesar de haberle dado biberón en sus primeras horas de vida. Con el miedo inicial de no saber como colocarlo, como cogerlo tan pequeño y demás dudas de las mamás primerizas, pero el bebé mamaba perfectamente y no tuve ningún problema.

A Izan no me permitieron darle toma hasta el 2º día de vida, que le sacaron de la incubadora y le pusieron en una cuna normal pero seguía en la sala de neonatos. Me dijeron que podía ir a darle las tomas, por lo que cada 3 horas, que era lo que me permitían, allí estaba yo, aun no habían pasado 24 horas de mi cesárea y ya estaba en pié para poder tocar a mi hijo. Cada 3 horas recorría el pasillo desde la habitación a la sala de neonatos a duras penas y sentarme y levantarme de la silla era todo un suplicio, pero por verle como me esperaba a que llegase y ver su cara mientras mamaba y como se agarraba a mi pecho, valían la pena todos los esfuerzos.

A Saúl le dejaba en la habitación con su padre, le daba de mamar justo antes de irme a las incubadoras, de manera que se quedaba ya dormidito y yo me iba tranquila con el otro, porque allí me podía pasar mas de 1 hora. Casi siempre cuando volvía tenía que volver a darle el pecho. Me quedaban escasos 20 minutos de descanso, los cuales no podía casi ni tumbarme a descansar porque me sacaba leche para llevarle a Izan y dejarle de reserva, ya que al quedarse dormido al pecho y yo tener que irme no mamaba lo suficiente y no aguantaba las 3 horas que me tenían estipulado. Pedí en el hospital un saca leches eléctrico por recomendación de mi ginecólogo, y después de cada toma me sacaba lo que podía, que en los primeros días no era más de 20-30 ml, los cuales yo llevaba toda orgullosa a mi bebé porque era puro calostro (se veía por su color) y yo sabia que aquello le vendría mejor que todos los biberones que pudieran ofrecerle. A las 72 horas me dio la subida de la leche y empecé a sacarme más cantidad.

Tuve muchos problemas para darle de mamar, primero era un bebé con bajo peso y no se agarraba al pecho bien (mi pezón era más grande que su boca) , estaba siempre dormido y era imposible despertarle, y además contaba con que solo me permitían estar allí 40 minutos y me tenia que ir, hubiese comido el niño o no.

La lactancia a demanda era imposible, era por reloj. Intentaba despertar a mi bebé de la manera que podía, le mojaba la cara, le daba en los mofletitos, … y después le ponía al pecho como podía. Siempre mirando en aquel enorme reloj de la sala de incubadoras como el tiempo pasaba y mi niño no había comido nada.

Si veía que ya casi había pasado el tiempo y no había conseguido que se agarrara al pecho le daba el biberón con mi leche, prefería darle de comer yo aunque fuese con biberón. Había días que se enganchaba un poco pero se dormía enseguida al pecho, otros días ni conseguía que mamara, la sensación de estrés y pena horrible cuando salía de allí era terrible. Se me caían las lágrimas mientras recorría el pasillo hasta la habitación. Esto se repetía cada 3 horas día y noche, acumulado el cansancio, los dolores de la cesárea y la horrible frustración de no poder hacer con MIS HIJOS lo que yo quería.

Las enfermeras me decían que descansase por la noche y no fuese a las tomas, pero mi marido y yo poníamos el despertador y allí estaba yo a la 1, a las 4 y a las 7 de la mañana como un clavo, a pesar de mi cansancio y me reciente cesárea que no me dejaba andar (cuando llamaba las enfermeras me miraban con cara de "no puede ser la mamá pesada de la lactancia aquí otra vez", aunque he de agradecer a 2 enfermeras negritas que me ayudaron a colocar al niño y a darle de mamar). Yo no hubiese podido descansar sabiendo que mi hijo estaba allí esperándome, me sentía como si le abandonase. Una noche, en una toma de las 4 de la madrugada, apagamos el despertador sin darnos cuenta y nos despertamos a las 5…. ¡Se nos había pasado la toma!, aun se me saltan las lágrimas cuando lo recuerdo, pienso que abandoné a mi bebé en espera de su mamá…. Se perfectamente que le dieron el bibe y volvió a dormir sin darse cuenta, pero aquellos enormes ojos esperándome en la cunita no se me podrán olvidar.

A los 7 días nos dieron el alta a Saúl y a mi, y tuve que dejar a Izan allí otros 3 días más. Vivimos en la zona sur de Madrid y el hospital está en la norte, por lo que era inviable estar allí cada 3 horas para las tomas si me iba a casa, añadido con otro bebé de 7 días. Por su puesto nadie entendió mi afán por estar cercar y me animaban a irme a casa con Saúl e ir 1 vez al día a ver a Izan….estoy seguro que los que me decían eso no hubiesen tendido corazón de hacerlo con sus hijos.

Finalmente y dado que mi marido y yo estábamos de acuerdo, cogimos una habitación en un hotel cercano y nos alojamos allí 3 días para ir cada 3 horas al hospital. En ese momento, con todo el dolor de mi corazón, tuve que dejar de ir a las 2 tomas de la noche porque tampoco me parecía justo sacar a las tantas de la madrugada de febrero a mi otro bebé poniendo en riesgo su salud. Por lo que tuve que dejarles leche para esas 2 tomas, que finalmente solo fueron 2 noches.

La tarde que abandonamos el hospital camino del hotel lloré desconsoladamente por tener que dejar allí a mi hijo, a sabiendas de que podría verle y tenerle conmigo aún menos que en días pasados.

Afortunadamente a las 48 h. le dieron el alta y nos fuimos los 4 a casa felizmente para poder amamantarlos totalmente a demanda.

Hasta los 6 meses les di LME y alcanzaron el peso de casi 9 Kg. sólo con pecho…. En ese momento nadie dudó que mi leche les alimentaba y tenia suficiente para 2, ya que mis hijos parecían 2 muñecos michelín, de los rollos de carne que tenían por todo el cuerpo.

Actualmente mis hijos tienen 13 meses y medio y por supuesto continúan mamando y esperemos que por muchos meses. Además se duermen felizmente al pecho cada noche, conocen donde está y para qué es la "teti" y son ellos y yo tremendamente felices mientras les amamanto. Les doy de mamar a la vez en muchas ocasiones, y unen sus manitas, se acarician, acarician e intercambian el pecho,… todas las palabras son pocas para describirlo.

La mayor parte de las personas que me rodean continúan como al principio "que si ya no tengo leche, que si para qué les doy el pecho tan mayores, que eso es un vicio, que hasta cuando les pienso dar el pecho, … y un largo etcccccccccccc".

Mi respuesta siempre suele ser la misma:

Les daré el pecho hasta que ellos quieran, no conozco a nadie que con 18 años siga mamando y si así fuese y a ellos les parece bien y a mi también no veo inconveniente siendo mi teta y mis hijos.


 

 

 

 

 

 

 

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